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Monumentos

La delegación Benito Juárez cuenta con 104 monumentos:

- Alameda Nápoles (Alfonso Esparza Oteo):

Monumento a Alfonso Esparza Oteo

- Arboledas

- Bola (de la Insurgencia)

- Hundido:

Monumento a Vicente Guerrero

 Busto Benito Juárez

- Explanada Delegacional Plaza de la Soberanía:

Estatua Benito Juárez

 Busto Gral. Ignacio Zaragoza

Busto Francisco Zarco

Busto Guillermo Prieto

Busto Ignacio de la Llave

 Busto Ignacio Ramírez

Busto Jesús González Ortega

 Busto José María Mata

Busto Juan Álvarez

 Busto Leandro Valle

 Busto León Guzmán

 Busto Manuel Doblado

Busto Manuel Gutiérrez Zamora

 Busto Mariano Escobedo

 

- José Ma. Olloqui

- Luis Pombo

- María Enriqueta (Corpancho)

- Miguel Alemán (Odesa Postal):

Estatua al Empleado Postal

- Miraflores

- Periodista (Francisco Zarco)

- Rosendo Arnaiz

- San Lorenzo

- Tlacoquemecatl

- Glorieta Mariscal Sucre

- Glorieta Goya

- Campana (Agustín Jáuregui)

Busto de Agustín Jáuregui

- San Juan (Valentín Gómez Farías)

- Venados (Francisco Villa)

Monumento al Gral. Francisco Villa en el Parque de los Venados

- Monumento al Emigrante Libanés

El 14 de enero de 2006, el Centro Libanés dona un monumento de bronce con el tema el Emigrante Libanés, el cual fue colocado entre las calles de Minerva, Insurgentes y Río Mixcoac, en la colonia Crédito Constructor. La develación corrió a cargo del entonces Jefe Delegacional, el licenciado Fadlala Akabani y el Jefe de Gobierno, el licenciado Jesús Encinas.

Esta obra fue realizada por el escultor Ramiz Borquet. El material es bronce, con un peso de una tonelada 600 kilogramos; mide cuatro metros de altura. Fue donada en muestra de agradecimiento al pueblo mexicano por recibir gustoso la ola de inmigración libanesa que llegó a México a partir de las dos últimas décadas del siglo XIX.

Una de las causas de la inmigración fue la desintegración del sistema feudal en el Imperio Otomano (y que acabó con el Líbano), ya que la producción artesanal de la propiedad de la tierra, provocó que las personas salieran en busca de mejores condiciones de vida.

La llegada de inmigrantes libaneses a México coincide con una política migratoria favorable para extranjeros, iniciada en el liberalismo e impulsada por Porfirio Díaz, con el objetivo de lograr el desarrollo del país, pues la falta de población (según la opinión generalizada de la clase dominante), era una de las causas principales del atraso económico del país. No en vano, durante la época del Porfiriato, se trabajó por lograr la unificación e industrialización del país.

Finalmente, los inmigrantes llegaron por cuestión de azar, ya que, para muchos de ellos, el destino original eran los Estados Unidos de América. Pero debido a la existencia de medidas restrictivas, se les impedía la entrada a dicho país, por lo que se les remitía a otros países.

Los libaneses se dedicaron al comercio ambulante por ser una actividad en la que no requerían un gran dominio del idioma; el ambulantaje no competía con los grandes establecimientos, sino que era un intermediario, e incluso las comunidades aisladas se incorporaron a los indígenas, creando un nuevo mercado.

Cuando contaron con cierto capital y con el crédito de algunas casas comerciales, -así como más clientela-, combinaron el trabajo de ambulantaje con el comercio formal o establecido.

La llegada de las mujeres libaneses durante las primeras décadas, favoreció la endogamia; el número de ellas no sobrepasó al de los hombres. Su presencia fue fundamental para la trasmisión de valores propiamente libaneses al interior de las familias.

El que los inmigrantes obtuvieran la nacionalidad mexicana (y ya sus hijos y nietos fueran mexicanos por nacimiento), no los hizo perder su arraigo a la cultura libanesa; muy por el contrario, acentuó la necesidad de expresarla a través de nuevas formas. Para ellos implicó reconstruir una parte importante de la historia de México, señalar su participación y la de sus descendientes, lo cual requiere de un trabajo de investigación y análisis, dentro del gran mosaico social del país al que se integraron.

En esta comunidad tan amplia y querida por México, nos encontramos con comerciantes, políticos, artistas e intelectuales que, a través de los años, han trabajado por conservar una identidad propia, sin dejar de reconocerse a sí mismos como mexicanos y entender a la sociedad a partir de esta diversidad cultural.